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Turismo en tu propia ciudad.

febrero 8, 2010

Muchos de nosotros queremos

viajar al extranjero, conocer

nuevas ciudades, pero ni si quiera

conocemos nuestra propia ciudad.

Yo os propongo que demos una vuelta por nuestra ciudad. Hay muchos parques preciosos; montones de tiendas de todo los estilos y gustos.

Muchos turistas conocen el reloj de Sol, la puerta de Alcalá y el Retiro. Pero pocos conocen cómo es el Templo de Deboth por la noche, cómo huele la churrería frente a la estación de Atocha o cualquiera de los deliciosos detalles de mi ciudad.

Para empezar mi ruta, podemos partir desde, por ejemplo, Atocha. Saliendo de la estación nos encontramos frente al monumento en honor a los muertos del 11M; personalmente, nunca he bajado, pero desde fuera, lo más bonito es ver como la luz brilla, con un fulgor especial, como diciendo “Estamos muertos, pero se sigue notando que existimos”.

Cerca de allí de camino al Retiro, pasamos por la Cuesta de Mollano. Siempre los puestecillos abiertos, con libros tan poco conocidos como interesantes. Si seguimos por el Paseo del Prado hasta Cibeles, veremos la continua afluencia de coches, mezclada con un paseo lleno de árboles, fuentes e incluso bancos, donde los ancianos se sientan a descansar. Y caminando llegamos a Cibeles; esa fuente que ha sido testigo de tantas victorias de su equipo de fútbol. Y allí empieza a latir mi corazón con fuerza, recordando aquella corazonada por la cual, miles de personas alzamos nuestras manos al cielo.

Subiendo por la Gran Vía podemos observar numerosos edificios antiguos, que, aunque grises, están cargados de historia. Y siguiendo con la historia, llegamos a una zona en la que hay muchas calles con sobrnombre. Fuencarral, Hortaleza, Montera; cada una de esas calles por las que he paseado y guardan algún buen momento para mí, tiendas de lo más estrafalarias, gente dispar; esa belleza de lo antiguo y lo nuevo junto.


A pesar de que después de este largo paseo, es posible que estemos cansados, podemos detenernos a tomar algo en cualquiera de los bares que se extienden por las calles, pequeños bares que han sido tapados por grandes “restaurantes” como el Mc’Donalds o muchas de las franquicias de Starbucks.

Una de las últimas paradas en mi ruta sería Plaza de España. No puedo ver ese lugar objetivamente, porque he pasado mucho tiempo en ese lugar, y para mí es un sitio obligado de visita. Sus dos fuentes , el árbol de Navidad que dejaron hasta febrero; las zonas de césped en las que de hierba poco queda, porque cientos de jóvenes nos hemos sentado en ella, y pasando amenas tardes de verano, íbamos arrancando. En ese lugar se respira vida, todos los fines de semana acaba abarrotado de gente de los más diversos estilos. En su subterráneo podemos encontrar un restaurante de comida japonesa, donde un vaso de ramen, podrá saciar nuestro hambre de merienda por menos de 5 euros. Y, justo al lado de Plaza, está el famoso templo de Deboth; un lugar que por las noches se ilumina, permitiéndonos ver un espectáculo en donde algo tan antiguo y venerable como una construcción egipcia se encuentra en armonía con la naturaleza, con Madrid, con sus gentes.


Pero no nos detenemos ahí; sino que bajaremos por el Palacio Real hasta los preciosos Jardines de Sabatini. Sus bancos de piedra, los jardines…


Para finalizar nuestra ruta, llegamos a la estación de Príncipe Pío, donde una estación antigua se fusiona con la modernidad de un centro comercial.

Y desde ahí partiremos a nuestra casa, despidiéndonos de Madrid, de su gente, de sus calles, y de todos los secretos que encierra.

Hachiko Kat

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